UNA VENTANA AL PSICOANÁLISIS - "Mercado y subjetividad" por VIVIANA IBRAHIM

25.10.2018



COLUMNAS DE OPINIÓN

"UNA VENTANA AL PSICONAÁLISIS"


Psicoanálisis y cultura

"Mercado y subjetividad" por VIVIANA IBRAHIM

Podés leer a Viviana Ibrahim en su blog personal DESPUÉS DEL VIENTO:

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"Yo había pensado que esas cosas supondrían una diferencia,

pero al final no eran más que sombras,

anhelos sustitutorios de lo único que realmente deseaba,

que era precisamente lo que no podía tener".

Paul Auster, Mr. Vértigo


Cuando pensamos en el término cultura aparecen, casi de inmediato, los avances científicos y tecnológicos cuyo crecimiento acelerado es notable a nivel mundial. Es innegable que la meta del mercado es la globalización, un "para todos" que nos llega en forma constante a través de los medios de comunicación en sus diferentes formatos. Pareciera cada vez más difícil sustraerse, aunque sea por elección, a la "necesidad" creada y sostenida por la oferta de una multitud de objetos "útiles" para alcanzar ciertas metas. El consumo está a la orden del día. Como en un restaurante, podríamos sentarnos llevados por el hambre, pero no bien llega el mozo con la carta, olvidamos la necesidad perdiéndonos en la elección de tan amplio menú.

¿Qué ocurre con los lazos sociales cuando nuestra vida pareciera girar en torno a la utilidad y al éxito? ¿Qué lugar, para aquellos que intentan resistir al torbellino?

Vamos a intentar correr el velo plagado de objetos para interrogar el detrás de escena. Ya Freud, en el año 1931, planteaba en el ser humano un malestar inherente a la cultura. Él, se hace una pregunta que en principio podría parecer ingenua y sin embargo, resulta fundante: ¿Qué fines y propósitos de vida expresan los hombres en su conducta?; ¿qué esperan de la vida? Afirma: los hombres aspiran a la felicidad y quien fija el objetivo es el principio del placer, el cual rige las operaciones de la constitución del aparato psíquico. Ahora bien, de entrada nos encontramos con una imposibilidad. Basta mirar nuestro entorno, para verificar a diario que la anhelada felicidad se reduce a episodios, a un "tibio bienestar" dice Freud; y es que su alcance se ve limitado por nuestra propia constitución. Ser feliz no es más que un designio impuesto por el principio del placer - obtención del placer, evitación del dolor- y como tal es irrealizable. En sentido limitado, la felicidad será alcanzable esporádicamente de forma singular. Aquí no vale un "para todos". Es un saber hacer de cada cual con las circunstancias exteriores.

Uno de los principales motivos del malestar en el ser humano es de origen social. La llamada cultura, lleva gran parte de la culpa en nuestro sufrimiento. Lo paradójico es que precisamente, todos los recursos que utilizamos para defendernos del amenazante padecer, provienen de ella.

A pesar de que todos los bienes que diferencian al humano de los animales son conquistas culturales, -piénsese en la escritura, la vivienda, el transporte, la fotografía, etc.- que como bienes de uso son utilitarios, tampoco resultan suficientes para que se sienta feliz. Freud en su texto "El malestar en la cultura" lo dice de una manera maravillosa y sin desperdicio: "El hombre ha llegado a ser, por así decirlo, un dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos, pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aún le procuran muchos sinsabores"

Resulta ser entonces que los ideales culturales, que la sociedad nos impone, generan un alto grado de frustración proveniente del desfasaje entre tales exigencias y lo finalmente logrado. En este sentido podemos hacer un contrapunto con la actualidad y el mercado. Si para Freud, el superyó (instancia psíquica) es el mandato insensato que le exige renuncia al sujeto. Pertenecer, adaptarse a la comunidad alcanza mayor éxito si se logra hacer abstracción de la felicidad individual. Lacan, por su parte, reformulará este mandato estableciendo que el superyó es un imperativo de goce. ¡Goza! ¡Goza más! Cabe aclarar que para el psicoanálisis, placer y goce no son sinónimos. El goce es autista, es "lo que no sirve para nada" dirá Lacan.

¿Qué significa entonces este imperativo? Que el Ideal de renuncia ha dejado paso al consumismo y por consiguiente, los objetos del mercado funcionan como tapón del sufrimiento, de la angustia, de la división del sujeto. Tapar, acallar consumiendo. Si te sentís mal nada mejor que hacerte un viaje con tal empresa, o comprar aquél celular recién llegado del exterior para apaciguar penas, o... utilizar uno de los tapones más "efectivos": la medicación. Las hay para todo, a tal síntoma, tal pastilla e incluso la medicalización que en nombre de etiquetas (llamadas diagnósticos) acalla infancias.

No cabe duda que la modalidad que asume el malestar en la actualidad rechaza al amor y los lazos sociales. Como efecto del mercado, intenta uniformar los modos de gozar, arrasando con las subjetividades.

Dejo abierta para la próxima, una mirada más amable de la mano del arte y el psicoanálisis. Allí donde sí, hay lugar para la subjetividad.

Viviana Ibrahim

Bibliografía citada:

-S. Freud, "El malestar en la cultura" (1931), Obras completas

-J. Lacan, El seminario, Libro XX

-M. Goldberg, "El malestar del Otro"