CINE - Alfred Hitchcock: El alumno predilecto

18.09.2018

por Maximiliano Curcio

ARTÍCULOS DE CINE

Tema: Retrospectiva "ALFRED HITCHCOCK"

En nuestra retrospectiva sobre Hitchcock que estamos llevando a cabo, estudiamos la obra del autor vista a través del concepto de "política autoral" y el estudio realizado por André Bazin, como principal corriente crítica que encabezó la revista Cahiers du Cinemá. Bazin creía que una película debía representar la visión personal del director, cumpliendo con ciertas reglas o pautas que marquen una huella de estilo. Esta idea fue de gran importancia para el desarrollo de la "teoría de auteur", la cual se originó en un artículo de François Truffaut -seguidor de la "crítica apreciativa"- donde los críticos solo pueden escribir acerca de las películas que les gustaron y así promover la crítica constructiva. Y acerca de Hitchcock, la escuela francesa escribió incontables ensayos acerca de su obra y sus marcas de autor, elevándolo al Olimpo de los realizadores.

Así como en La Ventana Indiscreta (Rear Window, 1954) nos identificábamos con el voyeurismo, o en Vértigo (Vértigo, 1958) con el amor después de la muerte, en Psicosis (1960), Hitchcock abordó a lo largo de su obra los límites no muy bien delineados entre normalidad y anormalidad, mediante el uso de elementos centrales de la trama utilizados para manipular nuestra identificación con los personajes. Ese ámbito donde encuentra Hitchcock la densitud moral y ética de su obra.

En este hincapié que se hace en lo sinuoso de los temas de la moral y la amoralidad, surge el tema de los dobleces entre normalidad-anormalidad, de los reflejos y opuestos entre los personajes principales y de los claro-oscuros como contrates en términos de personalidad. Sobre la identificación en la que trabaja Hitchcock, hay ciertas elecciones narrativos y visuales que la construyen: primeros planos subjetivas, voces en off, cierta distorsión de las imágenes que subjetiviza la acción como metiéndonos en la mente del personaje. Todos estos recursos puestos al servicio de identificarnos con un alter-ego ideal o con personajes victimizados cuyos mecanismos de conducta adoptamos.

La mirada tan subjetiva es la que contiene esa ambigua condición y como centro de la trama. Para ejemplo basta Psicosis, que también ofrece la quintaesencia del cine hitchcockiano: nos propone el juego de mirar el elemento central de manera provocativa. Como siempre encontraremos la impronta religiosa que caracteriza a la obra de Hitchcock, esta vez insinuada en el contenido sexual reprimido del film tanto en el personaje femenino como en el masculino, un sello de marca de las obsesiones eternas del autor.

Con una temática eminentemente psicológica y sustentada en una imaginación que permite las situaciones más desconcertantes, Hitchcock estructura sus historias en torno de numerosas trampas narrativas, sorpresas e interrogantes varios, utilizando elementos de la puesta en escena y mecanismo narrativos varios para sugestionarnos y condicionarnos. Por ejemplo, siguiendo la pauta de la mayoría de los films de Alfred Hitchcock donde un hombre común y corriente preso de su curiosidad se mete en

problemas mayúsculos, "La Ventana Indiscreta" oculta más detrás y se revela como un film osado que explora los hábitos del voyeurismo como nunca antes se había hecho. Un condimento que sin dudas agrega algo mas de sabor al ya de por si atrayente plato principal de suspense del gran maestro.

El interés en la sorpresa permanente es uno de los factores que se repiten a lo largo de la filmografía de Hitchcock, que hace a sus películas interesantes en disparadores o motivaciones varias. A medida que diferentes pequeñas historias se desarrollan de forma paralela y que concluyen en el clímax de suspense que devela el misterio, el autor continua al siempre cuidado estudio de los personajes y que preceden a un final al estilo clásico del director, ese que perfeccionó desde sus comienzos en su Inglaterra natal hasta su desembarco en la meca de Hollywood.

Siguiendo el ejemplo de "La Ventana Indiscreta"; más allá de la obsesión por el voyeurismo de su personaje principal, Hitchock nos plantea el interrogante sobre un crimen que podría o no haberse cometido y en clave de thriller nos sumerge en un medio ambiente asfixiante y atrapante espiral de intriga, a medida que nos resuelve el misterio delante de nuestros ojos. La acción toma parte en un departamento rodeado por edificios y la puesta en escena utilizada nos hace experimentar las emociones claustrofobias que vive el protagonista. Podemos vivenciar de forma singular la lucha que mantiene este hombre común por controlar sus nervios que lo llevan a ver compulsivamente lo que pasa, pero el estar incapacitado de actuar lo lleva a la desesperación.

Las huellas de género marca registrada de Hitchcock aparecerán una vez más: la profundidad de sus personajes, el uso de las sombras en la puesta en escena de por si limitada, el uso de simbolismos visuales o narrativos, los dilemas morales permanentes y la del por si omnipresente manejo del suspenso a la manera de un genio, son elementos diseminados a lo largo de este autentico y subyugante relato indiscreto. En el foco de atención veremos un hombre preso de sus propias limitaciones, quien se verá inmerso en un peligroso juego donde el voyeurismo se proyecta como una extensión de sus propias inseguridades.

Son estos procedimientos los que definen su cine y por el cual se puede encontrar en él a un sólido autor, quien analiza los procedimientos que construyen la compleja mente humana y los despliega minuciosamente trayendo aparejada, como de costumbre y con efectividad, la complicidad del espectador con las practicas éticamente cuestionables o psicológicamente aberrantes de sus personajes.

Las huellas autorales se convertían en un factor omnipresente a la hora de estudiar la obra del selecto grupo de realizadores bajo los cuales se sostuvo la teoría cinematográfica elaborada y perfeccionada por la escuela cahierista. El eje de nuestro análisis continúa con la obra de Alfred Hitchcock como puntapié inicial.