CINE - Crítica: "DOMICILIO DESCONOCIDO" de Kim-Ki Duk

25.09.2018

"CRIATURAS SIN SALIDA"


Artículo originalmente publicado en el sitio web Cine Freaks (www.cinefreaks.net)


CRÍTICA - Cine

por Maximiliano Curcio

Nuestra opinión: Muy Buena

Domicilio Desconocido, 2001. Dir: Kim-Ki Duk

CRIATURAS SIN SALIDA

Con su habitual maestría y habilidad Kim Ki-Duk despliega su conocido lenguaje abstracto y su halo entre hipnótico y onírico para contar una compleja historia desde el desamor y el dolor.

Entre el cine de denuncia y el drama psicológico Domicilio Desconocido se estructura y gana lugar entre otras joyas cinematograficas del creador de El Tiempo (Shi gan, 2006). Con potencia plástica construye un rompecabezas de personajes pasiones y situaciones infernales difíciles de digerir. El film posee sin dudas un trasfondo social, puesto que los conflictos bélicos han dejado huellas marcadas en la sociedad coreana, un país con bases militares estadounidenses. Justamente esta historia se desarrolla en un pueblo lindante a una de esas bases durante los años '70 donde razas, credos e idiomas confluyen.

Allí se dará lugar a un relato de vidas cruzadas y un cúmulo de personajes particulares: por un lado, la hija de una familia de campesinos, disminuida visual a causa de un accidente, allí en medio aparece un militar estadounidense que seduciéndola le ofrece una operación que reparará su discapacidad. Por otro lado narra la historia de un coreano de tez oscura renegado de ser tal, hijo de una relación prohibida, cuya madre también se convierte en protagonista. Ella, incansable, escribe diariamente cartas que son devueltas con la inscripción "Domicilio Desconocido".

Los tres relatos principales poseen un hilo conductor que las une: sus protagonistas son hombres desesperanzados que representan a su país y son un espejo de este: son seres dominados por el dolor y el vivir en un estado de represión interior sabiendo que la redención será inalcanzable. Así también sobrevive un país que todavía sufre los coletazos de la guerra, que desnudan las más crueles miserias humanas en un puñado de imágenes llenas de salvajismo y descontrol Es palpable ese tormento, se respiran las propias visiones del horror del realizador de Hierro 3 (Bin-jip, 2004). Con audacia -y cierto morbo- el autor despliega un panorama que de tan explícito impresiona. Sin embargo, no todo es producto de una guerra, hay un desgarro intrínseco en la sociedad, una marginalidad ajena al conflicto que lleva consigo una maldad donde la guerra no lava sus culpas.

En una atmósfera perversa y violenta, la trama transita entre maltrato despiadado a animales, juegos sexuales, violencia física hacia un ser querido y actos voyeuristas entre placer y el pudor. En una sociedad corrompida, lo justo pierde valor, el equilibrio parece una quimera y el destino, irremediablemente se tornará fatalista. La cámara se convierte en nuestros ojos y nuestros ojos registran lo que estos personajes ven. Ellos se retroalimentan del dolor, están inmersos en el desarraigo y en una vida insana. Es la supervivencia por medio de instintos bestiales, es la enajenación que produce la perdida de la identidad cultural. No puede brotar humanidad donde se siembra violencia y con un par de escenas tan crudas como determinantes Kim Ki-Duk se encarga de verter al film su densa carga social.

También el film es un estudio cultural, no solo de la tradición oriental, sino también de la norteamericana y sus influencias, prejuicios y discriminaciones hacia la primera. Este es un acercamiento que Kim Ki-Duk no acostumbra en su filmografía. De todas formas, fiel a su corriente, el realizador coreano se sabe no es un cineasta condescendiente, ni muchos menos. Siempre sujeto a miradas incómodas, es un autor cuyo cine esta destinado a espectadores con un paladar cinéfilo nada convencional.

Kim Ki-Duk nos muestra las consecuencias de la guerra donde el dolor físico expuesto de un modo metafórico se convierte, de manera enfermiza y patológica en la única forma de relación de estas almas mutiladas. Como una forma de catarsis para exorcizar la tortura y la locura que les representa vivir oprimidos bajo un dolor que no pueden expresar o expulsar. Dónde habrá quedado la verdadera identidad? Diría un poeta que no hay nostalgia peor que añorar lo nunca jamás sucedido.