CINE - Crítica: "El Sabor de las Cerezas" de Abbas Kiarostami (Parte II)

27.09.2018

CRÍTICAS DE CINE

" EL SABOR DE LAS CEREZAS"

Por Beatriz Rizzo

BEA RIZZO
Diseñadora de Imagen y Sonido - UBA
Profesora Titular Guión I - UBA
Profesora Universitaria DG Y PRAV - UAI
Profesora Guión -Escuela de Cine de Uruguay- ECU
Maestrando en Análisis del Discurso- FFyL - UBA
Proteccionista Independiente/ Grupo Animaleras-San Martín..............................................
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PARTE II - Inicio del sentido en la emergencia de la INR en la INF.Entonces intentamos emprender esta tarea tal vez ardua por compleja.Habíamos observado que la narración nos restringe de manera completa la razón del querer morir, y podemos soportar esta restricción porque adquirimos no solo otros saberes, sino porque se nos instala un conflicto que se hace central en el drama, y es esa búsqueda. Entonces, se produce el desplazamiento de intereses, no importa el porqué, lo anterior, importa un ahora que inevitablemente me lanza a un para qué, a una acción futura que estimo final, su muerte o no, y sus veinte paladas. Si el hombre cumplirá su palabra, si finalmente aquello que me ha parecido el sentido del film, se cumple, un deseo, angustiante, límite, que no comprendo, pero que acepto, se cumple o, tal vez para mi cierta paz, Baadi no muere, y su deseo se descarta, aun sin haber probado las cerezas (¿habré olvidado ya las bellas palabras del taxidermista?).Pero algo irrumpe absolutamente inesperado, y por tal, casi intolerable. Creo que nos sucede a todos. Por un instante, creemos que el hombre que aparece por derecha de cuadro es un Baadi salvo, (demasiado relajado, demasiado tranquilo...) pero un cierto registro visual diferente hace que pronto comprendamos que ya no es Baadi, que es el actor, que la ficción ha terminado, que el final ha quedado para siempre cancelado sin respuesta, que habernos preguntado, a lo largo de casi hora y media por un destino final, parece haber sido un juego en vano, casi grosero que pone en ofuscación mi tiempo espectante... Pero... si no puedo ir más allá, si no puedo resignificar, si no puedo ver más, entonces el film me ha fagocitado en su propio sentido que parece no haber sido el mío hasta que yo no lo comprenda, no lo busque, lo encuentre y me lo apropie.Veamos si nos es posible. Para no perecer en una mirada que, nunca vacía, se nos ha vaciado en el simulacro que no podemos asumir como tal.Lo simple: pensar que asisto al backstage del film de Kiarostami. No me convence. Hay algo más, más profundo, más complejo, anclado a la Representación y por tanto, al sentido, eso que me obsesiona de modo inevitable. Una crisis, un estado de ¿"tercer sentido" tal vez?Observo estas posibilidades, dadas a todas las obras fílmicas (recuerdo, por ejemplo, Y la nave va, de Fellini), entonces considero esto:
tal y como se definen historia, relato y narración, es factible que:a) drama, narración y relato terminen juntos y yo pueda clausurar el sentido junto a la obra;b) narración y relato terminan antes que el drama, y se produce un final abierto que me deja dispuesto a un cierto número de hipótesis posibles;c) que la narración termine antes que el drama, y el relato siga... Y entonces, un extrañamiento, una incomprensión, un algo diferente me llama a pensar otras cosas, a internarme no sólo en lo cancelado, sino en lo luego mostrado.
Si la narración ha terminado antes que el drama, el resto es sólo mostrado, y en esa mostración, me va algo más, algo del orden de la significación, sin dudas, que no he captado aún y me dispone a la tarea arriesgada de afrontar la crisis del sentido.No puedo arriesgar que en el film de Kiarostami estemos viendo la filmación de una escena que en rodaje es la final, no lo sé, y no me importa a los fines de lo que busco.
Pero algo es tan significativo que molesta al modo de una piedra en el zapato: estamos viendo el momento en que Kiarostami filma a los soldados, que ya vi en la diégesis. Es decir, no tiene que ver con el momento cancelado del drama. No se trata de que el drama terminó, la narración terminó con él y el relato sigue en su documentalización del hecho fílmico. No, no es eso. Hay algo más. Una puesta de verdadera crisis entre lo real y lo ficcional, que puedo presumir, que puedo intuir ahora cada vez más cercana como una intención de encontrar no un sentido perdido, sino un sentido oculto pero a la vista, una paradoja, bella como casi todas las paradojas.Un otro sentido profundo, velado al ojo superficial, abierto al ojo profundo. Tan rico, tan breve, tan sutil, como una inocente cereza.