CINE - Crítica "Intolerancia" de David W. Griffith

20.09.2018

Especial David W. Griffith: Parte II

por Maximiliano Curcio

Artículos de Cine

Intolerancie, 1916

Nuestra opinión: Excelente


Al año siguiente de estrenar la polémica y controvertida "El Nacimiento de una Nación", David Wark Griffith -quien antes de incursionar en el largometraje filmó una cantidad enorme de cortos- conmocionaba una vez más al incipiente mundo del cine con una obra de características clásicas, similares a su película anterior en términos de grandeza fílmica. Su larga extensión no resulto precisamente en la concurrencia masiva a las salas por parte del público, pero con el tiempo el film se convertiría en un clásico.

Desde lo revolucionario por su concepción o ya sea por el mito que rodea a su concepción misma, un evidente mea culpa ante los ojos del mundo por parte de Griffith en cuanto a su apología del racismo que fue su anterior citado film. Griffith, un precursor de técnicas innovadoras introduciría una vez más en su obra el llamado énfasis dramático (es decir, cortando en fragmentos de diferente plano al personaje según la situación que presenta) sumado a su técnica sobre el primer plano y su formación sobre este en la escuela de Brighton.

Cuatro historias muy alejadas temporalmente sobre la intolerancia, la envidia, y la violencia enfrentándose al amor y la bondad: La pasión de Cristo, la masacre de San Bartolomé en el SXVI en Francia, la conquista de Babilonia por los persas y una huelga de trabajadores actual. Con un relato complejo que involucraba cuatro historias atemporales Griffith incursiona por primera vez y bautiza el montaje paralelo, que se diferenciaba del montaje alterno en que este, el paralelo, contaba dos o más secuencias sucedidas en tiempo y espacio distintos.

Así, Griffith se las ingeniaba para congeniar: un relato de la antigua Babilonia, episodios de la vida de Jesús hasta su crucifixión, la matanza de San Bartolomé en la Francia del siglo XVI y una historia en los Estados Unidos modernos o actuales. De esta manera y partiendo de una estructura revolucionaría para la época y adelantada para los cánones entonces conocidos, que influenciarían en el futuro a la camada rusa y hasta a él mismísimo Eisenstein.

Con estas cuatro historias contadas de forma yuxtapuesta, vale decir, con su tema en común desarrollándose y no lineal e introduciendo cortes en el montaje para acentuar la tensión, prolongar el desenlace y unir argumentativamente dichos relatos. Hay un gran trabajo y esmero por parte de Griffith en la puesta en escena, con sus prólogos intercalados casi de forma teatral, desde los inmensos decorados para recrear las historias, pasando por los miles de extras utilizados y hasta llegar al fastuoso vestuario para los personajes.

Un guión de complejo acabado a manos del director, quien recurre una vez más al melodrama emotivo para expresar sus ideas políticas, al igual que en su film anterior, esta vez en un estudio provocador y visceral sobre la intolerancia, este cuento moral ilustra de manera trágica, suicida y eterna el amor y la lucha por el mismo a través de los tiempos y las circunstancias.