ENTREVISTAS - Juan M. González Moras "Si vos no tenés una mirada que corroe un poco la realidad, no es una escritura"

15.10.2018

CONVERSACIONES CON JUAN M. GONZÁLEZ MORAS


Segunda Parte: La Escritura

Por Maximiliano Curcio

DESEAR Y TENER


deseo tener tenerte

cerca

devolverte el aliento

la menta

la mente

y acaso tengo

que volver cada vez

después de ti

a ser quien deseo

ser

Juan M. González Moras


  • LA ESCRITURA

Poesía escribo desde chico. Publiqué por primera vez "Ángel Cuervo" en el año '96, con los chicos de La Grieta. Hicimos juntos el libro y lo imprimimos con un cuadernillo que hicieron ellos al mismo tiempo. Fue mi primera salida al mundo literario desde este rincón platense. Tuvo buena repercusión, algunas distinciones, una mención en el premio nacional de literatura. Pasó por todo ese circuito y me lo hicieron presentar en la Feria del Libro del año siguiente. Quedó ahí, en ese envión, porque yo no participo de los circuitos, no me interesa para nada el círculo literario, no tengo vocación de talleres tampoco. Son para temperamentos distintos al mío. Luego, de la amistad que La Grieta me regaló con Liliana Herrero, surge el tema de las reescrituras. Yo termino armando un texto de Poemas sobre textos de Arlt, en 2001. Liliana tiene desde el punto de vista conceptual y literario un laburo descomunal con el tema de la reescritura. Algo que trasladó claramente a sus formas musicales y que ha marcado la estética que la ha llevado a hacer lo que hace. Y Lamborghini es el otro tipo que mucho antes de los '60 ha reescrito cosas importantes, apropiándose así del peronismo, de Discépolo, de tantas cosas.

A mí la reescritura fue algo que siempre me interesó, particularmente porque la lírica en el rock básicamente es eso. Si uno se adentra en algunas corrientes literarias uno encuentra los lugares de dónde han salido muchas cosas. Cuando Spinetta edita Artaud le pone un nombre a algo que él estaba haciendo y que quizás -si no se lo hubiera puesto- nadie lo hubiera relacionado tan fácil. Spinetta es quizá quién más ha manifestado sus influencias literarias. Yo soy consciente que reescribo algo que ya está dicho, que me estoy montando sobre ninguna estética. Yo no estoy creando una estética, en eso para mí el minuto cero de la historia no existe. O si existiera, es el punk. Primero rompo y de ahí va a salir algo, esa es la filosofía, si cabe. Culturalmente, ellos rompieron la estética de las grandes bandas de la industria, el paradigma de entonces. Es un concepto propio de cualquier vanguardia, postula en la transgresión el minuto cero de la historia. Lo que es maravilloso porque corre los límites. Uno se nutre de eso. Artaud no existirá sin el dadaísmo, sin el futurismo. Pero culturalmente pasa por si querés formar parte. Como decía Charly, 'la vanguardia soy yo'. Provocador como él, es otra reescritura.

Así surgió "Anaranjado color de tempestad", una reescritura poética de Arlt. Le mostré el borrador a Lamborghini y me dijo: 'esto lo tenés que publicar'. Así llegué a Paradiso, que había editado a Fogwill, al propio Lamborghini. Eso me metió en las ligas porteñas. Por un tiempito nomás. Y después publiqué en el 2008 otro poema largo, una especie de manifiesto generacional que se llama 'Desear y Tener', fruto de todos mis años en La Grieta y de un poema que surgió allá por el 2001 y que retomé en determinado momento muchos años después.

Si vos no tenés una mirada que corroe un poco la realidad, no es una escritura. Partís de esa influencia, una película, un libro o una estética. Es una declaración de principios. Significa que vos te haces cargo y querés que eso este presente y el que lea escuche o vea, lo tenga presente. Querés que eso ocurra. Vos le decís hoy a tu contemporáneo que aquello que se escribió, hoy pasa por acá. Yo leía Los Siete Locos y al margen de la trama y los personajes, leía pasajes que para mi eran poemas.

  • LAS INFLUENCIAS EN LA ESCRITURA

Las tradiciones poéticas tienen que ver con las influencias familiares. En mi casa había una edición de clásicos, editados en Aguilar. Lo primero que me enganchó de forma muy particular fue Lugones. Yo tendría 11 o 12 años, y no sé bien que fue lo que me llamo la atención. Un poeta modernista, de una escuela rígida de sonetos y esas formas, muy alejado de lo que me terminaría gustando. Sin embargo encontré algo de él que me llamo la atención, al margen de cómo estaba escrito. Al margen de la forma encontré una musicalidad que me gustaba y me atraía mucho. Otro modernista que me atrajo mucho fue Machado, pero para mí escribiendo de forma más cálida, porque en casa se escuchaba Serrat y recuerdo el disco de canciones que hace él con poemas de Machado. Ese fue mi primer contacto concreto y comencé a escribir imitándolos. Y mi otra lírica era el rock y cuando tenía esa edad, la música y la poesía eran lo mismo: Almendra, Spinetta, todo, Virus, Soda... la plataforma de lanzamiento para otras cosas.

Y me enganché muchísimo en una época con la literatura norteamericana, con una narrativa que tiene una poética. Llamado el minimalismo norteamericano de los '60, el más conocido y mi punto de entrada es Raymond Carver. El primer libro que me marcó y conmovió fue 'Tres Rosas Amarillas', es extraordinario. Así llegue a sus contemporáneos y sus influencias. Para mi tuvo tres virtudes que me abrieron un mundo enorme: escribía cuentos cortos, escribía ensayos donde hacia crítica literaria dando pistas de porque escribía lo que escribía y, por último, escribió poesía. Es para mí la suma de todo: narrativa, reflexión sobre el arte y poesía.

Spinetta me influencia muchísimo, los pliegues de su obra son un pequeño universo; por más que uno la conozca,nunca terminas de descubrirla por completo. Me acuerdo una vez que entrevistamos a Fito Páez para La Grieta, recuerdo una anécdota en referencia al Flaco. Fito insistió mucho en algunas cosas: en principio que el rock es un ambiente muy vago. Con mucha pereza. El daba el ejemplo del Flaco como una excepción a la regla, que tenemos que trabajar mucho más en nuestro arte. Leer, rehacer, mejorar, revisar, romper, agotar, seguir, cambiar. Spinetta tiene toneladas de cosas escritas que algún día saldrán o no, pero es un tipo que busca sus raíces y no para nunca de trabajar. Fito decía que nosotros como músicos tenemos una riqueza cultural tan grande, que nos debería dar vergüenza no conocer la obra de Piazzola, de Yupanqui, etc. Sin importar los géneros, eso ocurrió en nuestro país pero es una música universal de la que no podemos desligarnos. Gran parte es por pereza, decía Fito, porque hay atajos. Armás algo que te sale, que te resulta, que te funciona. Esa búsqueda te puede generar muchos problemas. Leer, buscar, problematizar tú mundo musical. La simplificación termina degradando la historia del país. Piazzola, para ser lo que es, tuvo que caminar el desierto. El rock no tiene ese paradigma. Salvo Spinetta. Un tipo que estuvo muy solo muchas veces y camino en el desierto una y otra vez.

Pensemos en la época de Say no More de Charly. En el centro de esa etapa, arma un manifiesto donde amasó toda una nueva mirada, donde el cancionista argentino por excelencia destroza la canción: Allí tenemos un infierno de pistas y de capas sonoras de una artista que está en el medio de un infierno. El tipo que domina el arte de hacer canciones como nadie, paradójicamente, no quiere hacer más canciones. Él se reinventa como vanguardia revulsivamente, rompe con el canon de sí mismo. Lo cual lo hizo quedar en el lugar del ridículo en los medios y aquellos que no lo entendieron. A mí me parecía un gesto cultural extraordinario que no estaba dando nadie. Fito también es un tipo que me ha marcado mucho durante un tiempo, me parecía la síntesis entre Charly y el Flaco perfecta, que construyó una obra muy propia. Tipos como Fito han logrado discos extraordinarios durante una parte de su carrera y han logrado establecerse. Son influencias y en determinado momento uno tiene una simbiosis con algunos artistas que los escuchas tanto que terminas en un lugar muy viciado para componer. ¡A veces querés dejar de escucharlos!

  • LA GRIETA

Con Fabián compartimos mucho tiempo en el grupo La Grieta, un colectivo cultural con el que editábamos una revista, en la escena platense a fines de los '90. Hacíamos música, recitales de poesía. Fuimos parte de este movimiento. De la idea de que vivimos en las grietas, en los intersticios. No teníamos por qué estar ni en la luz ni en la oscuridad, sino en la grieta donde está la tensión y ocurren los fenómenos. Es un concepto cultural todavía muy potente. A partir de allí trabé una relación de amistad con Leónidas Lamborghini, que prologó uno de mis libros de poesía. Me pasé yendo a su casa durante meses, luego lo trajimos a La Plata a recitar sus poemas. Después nos vinculamos con músicos de otras épocas, trajimos a Ramón Ayala a hacer un show en el Taller de Teatro de la Universidad. La Grieta movió mucho acá en La Plata. Empezó en el '92 y aún persiste en un imaginario pleno y en el Galpón de Encomiendas y Equipajes (71 esquina 18 acá en La Plata). Nosotros participamos activamente hasta el 2007/2008, en una vorágine de actividad permanente, muy creativa, delirante.. Eso nos dejó mucho. Amistades que durarán por siempre y que no se repiten. Y revistas, libros, fanzines, cosas para chicos y para grandes. También tuvimos intervenciones desde un lugar más político, pero siempre desde la mirada cultural. Sobre todo luego del 2001, hubo un movimiento de vinculación con los barrios, con el auge de movimientos sociales, con las Madres de Plaza de Mayo, antes. Llegamos allí por amigos, que confluíamos de distintas facultades, nos conocimos allí, la mayoría de Bellas Artes y el catalizador fue el Taller de Teatro de la Universidad. En el '92 el taller hizo una convocatoria abierta para montar "El Proceso" de Kafka. El lugar no existía como tal, era una casona abandonada y tomada y allí comenzó a funcionar el Taller. En ese momento realizan la convocatoria para la obra. Actuamos meses, llevamos la obra al interior. En ese grupo hubo chicos y chicas que terminaron armando La Grieta. Un grupo de universitarios que ya estaban terminando su carrera, muchos con militancia política partidaria, pero todos desencantados con la situación actual y tradicional, buscando otra cosa. Hacer política, incidir desde la creación. Eran épocas más artesanales, de otras redes sociales.

Nosotros montábamos un número de la revista por año. Trabajamos conceptualmente a ver a quien invitábamos, elaborábamos la gráfica y todo terminaba en una revista objeto de una tirada chica que se editaba a fin de año. No había muchos canales de difusión, era un gran esfuerzo darse a conocer. Eran otras formas de comunicarse que cultivó un tipo de movida cultural muy platense y vanguardista. El grupo original de La Grieta hace una muestra ambulante a mediados de los '90. Esa idea original fue creciendo. Ciudad Vieja recién empezaba, la estación no tenía el centro cultural. Y la revista fue creciendo de tal manera que en 2007 ya nos costó mucho sostenerlo estructuralmente. Años de no parar, con una energía y fuerza naturales.