FICCIONES - "PLEGARIA"

27.09.2018

FICCIONES

"Plegaria"

Por Viviana Ibrahim

Me levanté esa mañana con los ánimos rotos, arrastrando los fragmentos que las discusiones suelen dejar por ahí. Las imágenes se aglomeran estallando en mi cabeza. Allí, punzante se reitera el aviso, la señal de lo desmedido. El baño me encuentra inclinada en la pileta sin valor para verme otra vez. Los brazos tensos sostienen el saldo agotado. Si al menos hubiese marcas. Hoy sólo deseo un calvario creyente en el fin, para abandonar las vueltas dadas en mi rosario y dejarme llevar. Morena se encontró de frente a la amenaza. Sentenciada por ojos que jamás la verán, que se clavan en los suyos estaqueándola. Génesis del inicio, fundamento del comienzo y vuelta a empezar, Padre Nuestro que estás en los cielos... la boca que se abre, el grito reventado en la garganta junto al plato que se estrella. Dios te salve María... ese llanto que le sale entero y de una vez, vómito tácito de su ser, la tensión de los músculos al ver la mueca del brazo que se alza, el puño que se cierra y el silencio de quien permanece inmóvil detrás de escena. Sus ojos van de uno a otro sabiéndose perdida. Santificado sea tu nombre... uno tras otro se precipitan sobre esa carne, la misma que se acuesta por las noches buscando las partes destrozadas. Llena eres de gracia... apoya la cabeza sobre la verdad ahogada en su almohada, la que sabe y la acuna en plena oscuridad. Venga a nosotros tu reino... cuelga una a una sus penas en las siniestras formas que el descascarado techo le ofrece, mientras espera que las paredes dejen de murmurar. El señor es contigo... es joven, liviana, tal vez pequeña. Sueña con colores que dejen por fuera al negro, reclamando amaneceres ajenos cuando despierta sin saberlo. Morena, no quiere. Se para sobre el borde congelado de la almohada, junta sus pies, los dedos que tantean hasta donde y se desliza apenas un poco más, Hágase tu voluntad... eleva el cuerpo tirándole el peso a la punta de sus temblorosos pies. El filo del abismo comienza a tajearle la piel. Levanta los brazos a la altura de los hombros quedando como expuesta en el madero. Plumaje engendrado tantas noches, al ingenuo aleteo del inicio le siguen muchos más. Así en la tierra como en el cielo... inundó de brisa su mirada cuando echó a volar. Temo de mi imagen en el espejo, Señor ten piedad... abro la canilla dejando el agua correr y sumerjo la cabeza. Las alcantarillas de Buenos Aires rebalsan otra vez.

Viviana Ibrahim, Junio 2016