CRÍTICA DE CINE "MY WINNIPEG" de Guy maddin (2007) publicada originalmente en el sitio web ESCRIBIENDO CINE

01.10.2018

CRÍTICA DE CINE "MY WINNIPEG"de Guy Maddin (2007)


por MAXIMILIANO CURCIO


publicada originalmente en el sitio web ESCRIBIENDO CINE

" Miro siempre en la dirección donde yo nací "


por MAXIMILIANO CURCIO


My Winnipeg es el más reciente film del director canadiense Guy Maddin, nativo de la ciudad que da nombre al film, donde ha vivido toda su vida. A manera de homenaje le dedica este largometraje, como quien dedica una canción, un poema, una carta

Este documental-ficción es una autobiografía apasionante del propio Maddin quien además de relatar extraños episodios de su vida privada, incorpora elementos que refieren a la historia, a la cultura y a la mitología canadiense. Alucinatoria, onírica, bizarra y maravillosa, el film es un espejo de la enigmática personalidad del director, de su sensibilidad creativa, de sus raíces familiares, de la ciudad que le dio la existencia moldeó su persona.

My Winnipeg es una recreación radiográfica, mediante imágenes de archivo y actuales que conforman una narración fantasiosa, de la vida y la historia de uno de los lugares más tradicionales de Canadá. Dueña de un magnetismo especial, imposible de encasillar en algún género tradicional, su concepción recuerda al Amarcord (1973) de Federico Fellini.

El film es un híbrido entre la historia personal de su autor -con la subjetividad que la caracteriza- y la leyenda mítica de Winnipeg. De forma frenética, el film teje una red de vivencias y sitios que fluyen a través de la trama explorando la psicología de sus personajes. Si Brand Upon the Brain (2006) narraba en términos ficcionales, un acercamiento autobiográfico -la infancia- My Winnipeg retoma la idea y dobla la apuesta, siendo un compendio de recursos del film citado.

Con notables reminiscencias del cine mudo, con material cuya fotografía y música se asemeja a los melodramas hollywoodenses de la época de oro, con un montaje que recuerda al ejercido por el cine soviético de El Hombre de la Cámara (Chelovek's kino-apparatom, 1929) de Dziga Vertov y con una tórrida vertiente estética que coquetea con el expresionismo alemán; esa vanguardia tan poco homogénea ilustra a un film igualmente difícil de catalogar.

Allí donde el clima frío, más que temperatura, se convierte en un estado emocional. Allí daassdonde en la ciudad que nadie duerme sonámbulos parecen encadenados a su vida y distantes de todo tiempo; allí esta el ojo de Maddin. Esa ciudad recreada en una fábula de calles impenetrables en su oscuridad, donde extravagantes relatos históricos nos encierran en los laberintos de su relator, también habrá lugar para la mirada política, la corrupción, los desencantos y la nostalgia.

Como el vientre de su madre, Winnipeg lo vio nacer. Allí vuelve y volverá siempre, irremediablemente, allí confluirán sus angustias, sus deseos, sus frustraciones. Dueña de una mixtura asombrosa de imágenes y formatos fílmicos que ilustran y dan identidad a su paso, el autor se adentra en el campo del ensayo audiovisual sin olvidar la precisión en el montaje y el contraste de tiempos narrativos sobre los que ejercita.

Una concepción del cine surrealista, Maddin manipula la tradición oral, agudiza la memoria colectiva, busca en los lugares más recónditos de la psiquis la belleza de su génesis y los fantasmas que aún lo persiguen. Mágica, ensoñadora, provocadora e imperdible.